La avidez carnal no se trata de profanar fútilmente, sino de romper con el lóbrego recuerdo de su espíritu innato. Lector desconocido, léeme con la fortuna de hacer que me encuentre a su paso, y me recuerde, que aunque soy distinta, mantengo la esencia infante con la que me conoció, para que pueda tocarme en versos y llevarme en estrofas en su nueva vida.