La paradoja de mi hogar

Me preocupa mi país, y tú. Mis calles y tus avenidas. ¡Claro que me preocupan tus atajos, decisiones y quejas! Tu carrera, tu abismo, tu alegría y la mía. Me acechan todo tipo de preguntas cuando no estoy contigo. Todo tipo de acertijos me hacen querer descifrarte, dibujarte, descubrirte como una especie de destino acometido. Me toco los dedos recreando un mundo mejor para ti, para tus pies, para tu sombra, para tus ganas, y en conjunto, la felicidad que recreas con la mía. ¡Claro que me preocupa esta época de miedo, y la distancia con la que no te tengo! Trazo entre líneas punteadas un camino entre tu cerca y la mía. 
Antes de los temas políticos, existes tú, y es que, no me malentiendas, simplemente que el alcance de mi riqueza, es también trabajo tuyo. Es el empeño por dejarme ver que tengo metas y sueños, que aunque se ven muy lejanos a cumplir con toda esta pandemia, me incitas a intentar. Esa capacidad de persuasión no la tiene cualquiera. Me pongo canciones a tu nombre y adorno mi recámara con cada letra de tu nombre. Y es que, también me preocupa la próxima recisión global, y meramente, la de mi país, que es tu país, que es nuestro hogar. 
Me preocupa el retroceso, el hundimiento de nuestras actividades económicas, de las cuales, nos hacían ir al cine, al teatro, al parque, disfrutar de un helado o de una cena en nuestro restaurante favorito. Me aterra el miedo de pensar que este ciclo, no fue nada más que para preocuparnos de aspectos banales y etéreos. Que te hayas vuelto de ellos, de los que suman mucho pero, en realidad, aportan poco. Me aterra que los alimentos que consumen tú y tu familia se agoten, y los de la mía, las de mi vecino y toda la gente que convive conmigo. Me invade el miedo cuando leo en las redes que no se ha formado la consciente idea de que, como humanidad, estamos fallando con otros humanos, y ¡Qué decir con los animales, con la naturaleza! ¿No te aterra lo mismo? De repente me dejo caer en mi cama, y mirando al techo, te imagino bailando en Reforma, haciendo explosión en Bellas Artes, boicoteando como una ninfa, como una soledad sin prisa. Así, tan tú y tan de los que decides que te poseen con la mirada lasciva y otros con cierta melancolía, despertando una cierta ternura efímera. Con toda la felicidad de tu imagen rebosante, me empapa de nuevo el temor, se clava en mi mente como de tajo y me pone la realidad en marcha. Me expone cuatro escenas como de tragedia griega:
 Número uno: Expansión, así, de rayo e impactando. ¿Te imaginas qué vi? Era una época feliz, todos gastamos, todos consumimos, todos estamos cegados como en caricatura, o una película muda. Grito, y lo hago fuerte pero nadie me escucha. Nos seguimos endeudando y tú estás ahí, eso es lo que más me aterra, lo que me quema la piel.
 Número dos: Crisis, esta imagen fue la más cruel, porque todo se nos ha ido de las manos, no supimos controlarlo, y aquí es donde se cierra el telón de esta tragedia, y apareces en otra escenografía. Toda producida pero nadie te compra, nadie te observa, todos van con lo cotidiano y se escuchan los lamentos hasta el fondo de la ilustración; trató de alcanzarte pero no puedo, te resbalas sobre las yemas de mis dedos. Otra imagen aparece, y creo que estoy a punto del colapso.
 Número tres: Recisión... hemos tocado fondo, me siento con el temple y la fuerza relajadas, con las ganas de sobrevivir, ¿Tú qué sientes? ¿Me quieres encontrar? Pero, ¡Ya te estoy viendo! eres de los nuestros, de los que apenas vamos creando un mundo adverso, los que tenemos ganas, y yo te abrazo y te protejo. 
Por último: Recuperación, todo parece un mundo nuevo, constante, pero ¿Sabes qué es lo malo? que falta la conciencia social, humana y ética de muchos que contemplan esto contigo y conmigo. Por eso, y porque sí, y porque la época está de miedo y se está apoderando de casi todos nosotros y, pareciera que es de locos pensar que no estamos ya en el apocalipsis, y que, como tú y yo, hay más allá de la pandemia, y que tenemos que realizar un plan para después, ayúdame a dejar de hablar de contagios y muertos hasta en la cena. Basta de bofar con indicadores, que no todos entienden, para que esto no se traduzca en más muertos, en más tedio, desesperanza, y la constante tergiversación de las masas con otras. Ayúdame con otra cuestión meramente importante...
 ¿Cómo saldremos de esto?

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